Inevitable: en la vida continuamente nos hemos de despedir de personas, cosas, lugares, situaciones, libros, perfumes y colores... y hemos de aprender a despedirnos. Hacerlo bien es difícil, es todo un arte. Requiere conciencia, distancia, ternura y fuerza... En resumen mucha sabiduría interior y por supuesto, haberse despedido mal otras veces para aprender las lecciones... También queramos o no, nos despedimos de nosotr@s mism@s todos los días: mudamos de piel, de pensamiento, de lecciones aprendidas y de maneras de ver el mundo. Hemos de saber cuándo hay que despedirse del dolor, de la tristeza y también de las alegrías...
¿Vale simplemente con decir "adiós"? ¿Cuándo sabemos que es el momento de despedirnos? ¿Habéis sentido alguna vez que vuestro estómago necesita hablar, que tiene algo que decir? Muchas veces nos está diciendo: hay que despedirse, ha llegado el momento. No sirve de nada mirar para otro lado, pensar que el estómago está pachucho por lo que cenamos ayer. Cuando le escuchamos, dejamos que hable a través nuestro, todo encaja. Despedirse es ser consciente del ciclo de la vida y no tenerle miedo.
Despedirse bien: cerrar bien la puerta, llevándonos con nosotr@s lo que nos ha transformado, lo que queremos que sea parte de nuestra vida, más allá de lo que quedó atrás o fuera de nosotr@s. Cerrar bien la puerta, con candado si hace falta, después de haberlo colocado todo bien, haber hecho inventario de lo que dejamos atrás y nos llevamos, de lo que no queremos volver a ver o tener o vivir, y honrar aquéllo que nos enseñó y nos hizo vivir la vida. Cerrarlo bien, con paciencia, sin prisas, pero sin pausas. Saber cuándo algo está llamado a formar parte del pasado, y no temer a las transformaciones y evoluciones que puedan darse. Despedirse a veces significa atreverse a perdonar o a no perdonar, a decidir olvidar o no olvidar... Pero de aquí en adelante, será otra cosa. Las buenas despedidas son agridulces, como en la naturaleza. Nos despedimos tristes de esta maravillosa primavera, sabiendo que llegarán otras y que así tiene que ser. Despedirse es algo íntimo y que no tiene casi nada que ver con lo que nos diga el mundo... algo se fue hace tiempo pero nuestra alma nunca se despidió. Nunca es tarde para despedirse o para terminar de despedirse bien.
Despedirse requiere tanto amor a un@ mism@ y tanto arte como dar la bienvenida. Sin embargo, son verbos diferentes. Despedirse parece más activo y reflexivo, más intimo. No se dice "dar la despedida". Dar la bienvenida, ¿qué significa? estar dispuest@ a dar-se y a recibir; "bienvenida" "bienvenido", algo que ha venido bien, que está bien que llegue a nosotr@s. Para que algo llegue, hay que darle tiempo, y que haya hueco, en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestro tiempo y en nuestro espacio... si todo anda lleno, será más complicado hacerle sitio y reconocerlo, hacer una fiesta cuando llegue.
¿Cómo saber cuándo algo o alguien ha de ser bienvenid@ en nuestra vida? ¿y cuándo darnos la bienvenida a nosotr@s, a nuestro cambio de pieles, de mentalidad, a nuestras alas, a nuestra evolución que se presenta inevitable? De nuevo el estómago. Cuando comienza a sentirse flotar, algo ha cambiado, y hay que saber darle la bienvenida. Honrar lo nuevo, no tener miedo, darle gracias a la vida y saber que lo que ha llegado es para bien. "Bienvenido", "Bienvenida". Puedes pasar, puedes quedarte y puedes irte.
En mi vida me he tenido que despedir muchas veces de personas, cosas, lugares, de formas de pensar a las que un día les dí la bienvenida. Seguiré haciéndolo. Esa es la vida. Aqui sigo aprendiendo a hacerlo: no es fácil pero tiene su magia. Las bienvenidas son maravillosas, y nunca se sabe cuándo se convertirán en despedidas.
¡Me despido aquí, hasta una nueva bienvenida!
No hay comentarios:
Publicar un comentario