sábado, 17 de mayo de 2008

Denuncia de feminicidio en México y Guatemala

Resulta que hoy es el día de internet. No se quien lo ha decidido ni porqué. No se que significa ni que consecuencias tiene... más allá de el empujoncito moral que me da para que me siente a escribir aquí y a reflexionar un poco y compartir.

Internet es un arma de mil filos: quiero hablaros de una que me interesa especialmente: como difusora de información y de denuncias de injusticias a lo largo y ancho del globo. Hoy una violación de derechos en un supuesto lugar remoto del mundo, y que antaño se amparaba en la impunidad del silencio y de la desinformación, puede darse a conocer al momento. En caso de resultar impune o no generar reacciones domésticas, la sociedad civil - término por comentar- y demás actores de las sociedades democrácticas internautizadas podemos empezar a revolvernos en nuestros asientos, en nuestros ordenadores, maquinar y actuar. Para sacarle los colores a l@s poderos@s de turno (es extraño pensar en "las poderosas de turno", sin embargo alguna existirá como excepción a la regla y por ello debo arrobar el asunto por raro que parezca).

En estos días me vengo enterando y preocupando por el que se llama FEMINICIDIO o FEMICIDIO en México y Guatemala. Tuve la oportunidad de asistir a un curso sobre el tema y de escuchar a Marcela Lagarde recientemente. En el curso vimos un video demoledor, asistieron ponentes que nos pusieron en situación, mujeres víctimas y mucho material por asimilar. Quisiera poder transmitir la injusticia que se está cometiendo. Quisiera saber describirla desde sus indicadores, sus raíces, sus orígenes, sus patrones, sus datos, sus consecuencias, sus posibles soluciones, los culpables... Quisiera recoger en este pequeño espacio la frustración y dolor, marcarlo con las palabras justas e hilar finamente la red desde la perplejidad hasta la acción, para activar vuestras fibras y llevaros a algún sitio desde donde cambiar las cosas. Os imaginaréis por lo que os cuento que no puedo. Ni quiero. Prefiero dejaros aquí las referencias de aquéllo que otr@s ya han expuesto y analizado tan bien y no repetir números y lugares sin demasiado atino.

Lo que si os diré es que no pararemos aquí. Nos documentamos, nos unimos, nos abrazamos y decimos "No más violencia contra las mujeres".

Para quienes quieran saber más de la violación sistemática e IMPUNE de los derechos humanos de las mujeres en Guatemala y México:

México:

http://www.es.amnesty.org/campanas/no-mas-violencia-contra-las-mujeres/saber-mas/informes-por-pais/mexico/

http://hrw.org/spanish/reports/2008/mexico0208/ (en el apartado de casos paradigmáticos, ver el caso de Ciudad Juárez)

http://www.cidh.org/annualrep/2002sp/cap.vi.juarez.htm

http://www.iidh.ed.cr/comunidades/DerechosMujer/

http://hrw.org/spanish/docs/2006/06/26/mexico13624.htm

Guatemala:

http://www.es.amnesty.org/noticias/noticias/articulo/aumentan-los-homicidios-de-mujeres-en-2006/

http://www.fidh.org/spip.php?article2283

viernes, 9 de mayo de 2008

De despedidas y bienvenidas, de bienvenidas y despedidas

Inevitable: en la vida continuamente nos hemos de despedir de personas, cosas, lugares, situaciones, libros, perfumes y colores... y hemos de aprender a despedirnos. Hacerlo bien es difícil, es todo un arte. Requiere conciencia, distancia, ternura y fuerza... En resumen mucha sabiduría interior y por supuesto, haberse despedido mal otras veces para aprender las lecciones... También queramos o no, nos despedimos de nosotr@s mism@s todos los días: mudamos de piel, de pensamiento, de lecciones aprendidas y de maneras de ver el mundo. Hemos de saber cuándo hay que despedirse del dolor, de la tristeza y también de las alegrías...

¿Vale simplemente con decir "adiós"? ¿Cuándo sabemos que es el momento de despedirnos? ¿Habéis sentido alguna vez que vuestro estómago necesita hablar, que tiene algo que decir? Muchas veces nos está diciendo: hay que despedirse, ha llegado el momento. No sirve de nada mirar para otro lado, pensar que el estómago está pachucho por lo que cenamos ayer. Cuando le escuchamos, dejamos que hable a través nuestro, todo encaja. Despedirse es ser consciente del ciclo de la vida y no tenerle miedo.

Despedirse bien: cerrar bien la puerta, llevándonos con nosotr@s lo que nos ha transformado, lo que queremos que sea parte de nuestra vida, más allá de lo que quedó atrás o fuera de nosotr@s. Cerrar bien la puerta, con candado si hace falta, después de haberlo colocado todo bien, haber hecho inventario de lo que dejamos atrás y nos llevamos, de lo que no queremos volver a ver o tener o vivir, y honrar aquéllo que nos enseñó y nos hizo vivir la vida. Cerrarlo bien, con paciencia, sin prisas, pero sin pausas. Saber cuándo algo está llamado a formar parte del pasado, y no temer a las transformaciones y evoluciones que puedan darse. Despedirse a veces significa atreverse a perdonar o a no perdonar, a decidir olvidar o no olvidar... Pero de aquí en adelante, será otra cosa. Las buenas despedidas son agridulces, como en la naturaleza. Nos despedimos tristes de esta maravillosa primavera, sabiendo que llegarán otras y que así tiene que ser. Despedirse es algo íntimo y que no tiene casi nada que ver con lo que nos diga el mundo... algo se fue hace tiempo pero nuestra alma nunca se despidió. Nunca es tarde para despedirse o para terminar de despedirse bien.

Despedirse requiere tanto amor a un@ mism@ y tanto arte como dar la bienvenida. Sin embargo, son verbos diferentes. Despedirse parece más activo y reflexivo, más intimo. No se dice "dar la despedida". Dar la bienvenida, ¿qué significa? estar dispuest@ a dar-se y a recibir; "bienvenida" "bienvenido", algo que ha venido bien, que está bien que llegue a nosotr@s. Para que algo llegue, hay que darle tiempo, y que haya hueco, en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestro tiempo y en nuestro espacio... si todo anda lleno, será más complicado hacerle sitio y reconocerlo, hacer una fiesta cuando llegue.

¿Cómo saber cuándo algo o alguien ha de ser bienvenid@ en nuestra vida? ¿y cuándo darnos la bienvenida a nosotr@s, a nuestro cambio de pieles, de mentalidad, a nuestras alas, a nuestra evolución que se presenta inevitable? De nuevo el estómago. Cuando comienza a sentirse flotar, algo ha cambiado, y hay que saber darle la bienvenida. Honrar lo nuevo, no tener miedo, darle gracias a la vida y saber que lo que ha llegado es para bien. "Bienvenido", "Bienvenida". Puedes pasar, puedes quedarte y puedes irte.

En mi vida me he tenido que despedir muchas veces de personas, cosas, lugares, de formas de pensar a las que un día les dí la bienvenida. Seguiré haciéndolo. Esa es la vida. Aqui sigo aprendiendo a hacerlo: no es fácil pero tiene su magia. Las bienvenidas son maravillosas, y nunca se sabe cuándo se convertirán en despedidas.

¡Me despido aquí, hasta una nueva bienvenida!

jueves, 1 de mayo de 2008

El lenguaje del alma: Clarissa Pinkola Estés y el descenso a las profundidades

A veces simplemente quiero hablar con ella, escucharla. Es el oráculo del alma hambrienta y curiosa, necesitada de consuelo, explicación y alimento.

Hoy cuando le he preguntado me ha recordado el cuento de "La doncella manca"...

"el peor trato de nuestra vida es siempre el que hacemos cuando perdemos nuestra sabia vida profunda a cambio de una mucho más frágil; cuando perdemos los dientes, las garras, el tacto y el olfato; cuando abandonamos nuestra naturaleza salvaje a cambio de una promesa de riqueza..."

¡Como siempre, gracias Clarissa!