lunes, 25 de mayo de 2009

martes, 12 de mayo de 2009

Beppo Barrendero- Maestro Zen

Resulta que el otro día me acordé de Momo. Y de su mensaje. Y de que hace un año volvió a mi, volando con esas alas que le dió Ende... Y en estos días de nuevo re-re-apareció en mi vida, totalmente de CAUSALIDAD.

La historia de una niña que tenía el don de saber escuchar, que su mayor alegría eran sus amigos y amigas... La explicación de dónde reside la vida y la clave para entender este mundo de frenéticos tiempos "perdidos", tiempos "malgastados" o "no aprovechados"... Tengo que hablaros de Momo, para recordar su mensaje, para transformarlo, revivirlo, para de verdad ESCUCHARLO como se merece. Si, Momo tiene mucha miga...

Aunque hoy le toca al filósofo zen, personaje entrañable Beppo Barrendero. El personaje es una forma de ver la vida, una manera de ser y de hacer. Momo es quizá la única que sepa ver lo especial de su forma de ser, de la maravillosa delicadeza y amor a la vida que reside en cómo ES y HACE todo Beppo Barrendero. Citaré textualmente el libro. Quienes lo hayan leído lo saborearán conmigo. Quienes no lo hayan leído no les desvelo demasiado, claro que mi consejo es que paréis aqui, leáis el libro primero y luego seguid leyendo aqui. Después de leer el libro, si queréis ved la peli, no está mal, aunque en mi opinión nada comparado con el libro...

"Algunos opinaban que a Beppo Barrendero le faltaba algún tornillo. Lo decían porque ante las preguntas se limitaba a sonreír amablemente y no contestaba. Pensaba. Y cuando creía que una respuesta era innecesaria, se callaba. Pero cuando la creía necesaria, pensaba sobre ella. A veces tardaba dos horas en contestar, pero otras tardaba todo un día. Mientras tanto el otro, claro está, había olvidado que había preguntado, por lo que la respuesta de Beppo le sorprendía.


Sólo Momo sabía esperar tanto y entendía lo que decía. Sabía que se tomaba tanto tiempo para no decir nunca nada que no fuera verdad. Pues en su opinión, todas las desgracias del mundo nacían de las muchas mentiras, de las dichas a propósito, pero también de las involuntarias, causadas por la prisa o la imprecisión.

(...)

Cuando barría las calles, lo hacía despaciosamente, pero con constancia; a cada paso una inspiración y a cada inspiración una barrida. Paso-inspiración-barrida. Paso-inspiración-barrida. De vez en cuando, se paraba un momento y miraba pensativamente ante sí. Después proseguía paso-inspiración-barrida.". (Pág. 38)

Beppo le explica a Momo cómo hay que "barrer":

"-Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada más que en siguiente.

Volvió a callar y reflexionar, antes de añadir:

- Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser.


Después de una nueva y larga interrupción, siguió:


- De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta cómo ha sido, y no se está sin aliento.

Asintió en silencio y dijo, poniendo punto final:

- Eso es importante." (Pág. 39)

Y cuando Momo desaparece, los hombres grises le piden su bien más preciado, su calmada y digna forma de "barrer", en la que Beppo Barrendero ponía todo su amor y energía del momento. Necesita ahorrar 100.000 horas de tiempo para salvar a Momo.

"Pero ahora ya no barría como antes: a cada paso una inspiración y a cada inspiración una barrida, sino que ahora lo hacía de prisa y sin amor por su trabajo, sino sólo por ahorrar tiempo. Sentía con dolorosa claridad que con ello renunciaba y traicionaba su más profunda convicción, más aún, toda su vida anterior, y eso le enfermaba y le llenaba de odio por lo que hacía.

Si hubiera sido por él, habría preferido morirse de hambre antes que ser tan infiel a sí mismo. Pero se trataba de Momo, a la que tenía que rescatar, y ése era el único modo de ahorrar tiempo que conocía" (Pág. 174).

Y el reencuentro de Beppo y de Momo, cuando Momo ha conseguido recuperar el tiempo robado por los hombres grises.

"Cuando Momo volvió a darse cuenta de dónde estaba, vio que era la calle en la que antes había encontrado a Beppo. Y, efectivamente, allí estaba. Estaba vuelto de espaldas a ella, apoyado en su escoba, y miraba pensativamente ante sí, como antes. De repente ya no tenía ninguna prisa, y no podía explicarse por qué se sentía tan consolado y lleno de esperanza.

<Puede ser>, pensaba; <que ya he ahorrado las cien mil horas para rescatar a Momo>.

Y, en este mismo momento, alguien tiró de la manga de su chaqueta, se volvió, y tuvo ante sí a Momo.

Probablemente no existan palabras para definir la felicidad de este reencuentro. Ambos reían y lloraban alternativamente y hablablan a la vez, sin decir más que tonterías, como ocurre cuando se está como ebrio de alegría. Se abrazaban una y otra vez y la gente que pasaba se paraba y sería y lloraba con ellos, porque ahora, al fin y al cabo, tenían tiempo suficiente para ello." (Pág. 251)

¡Gracias Señor Ende!

Todas las citas son de "Momo" de Michael Ende. Biblioteca Juvenil. Salvat Alfaguara. 1987.



domingo, 3 de mayo de 2009