Ha pasado un buen tiempo de mi vuelta del viaje... tenía unas cuantas ideas en un borrador y no quería dejar de colgar la última entrada de la India... antes de seguir con otras cositas...
Cuando llegó Sandra los ritmos del viaje cambiaron, y me encontré de nuevo siendo una turista más, con poco tiempo y muchas cosas por ver.
Agra es una ciudad sucia, como la mayoría que he visitado en la India. De pronto, la mugre se detiene en el umbral del complejo del Taj Mahal. Cruzas la puerta, y de repente todo es limpieza y silencio y maravilla… Y de repente, ahí está. Lo has visto miles de veces en fotografías, documentales, te han hablado… y cuando estás ahí… de repente te das cuenta de que es real, tridimensional, majestuoso, enorme, perfecto, demasiado perfecto… Dicen que es el lugar más fotografiado del mundo.
Es inevitable reconocer algo que no sabíamos, algo que nadie nos había contado, algo que no podíamos sospechar en sus diferentes dimensiones... y ese algo es la tensión que se da por ser dos mujeres solas, que viajan solas, ninguna señal de estar casadas, ningún bindi dice "no me mires, no te atrevas a ligotear conmigo". Te rodean, como si fueras una mona de feria, y te miran intensamente. Y no dicen mucho, pero no hace falta. Según me contaba mi hermano, ellos nos ven como mujeres "accesibles", todo lo contrario que a las indias, puesto según sus parámetros hasta que no te casas nada de nada...
Eso ocurre sobre todo en las estaciones de tren, que se convierten en una suerte de micro universos que dan la oportunidad para que converjan personas y mundos que no lo harían de otra forma. Así, las turistas se ven rodeadas de indios de colores y miradas diferentes, de mujeres indias que curiosas preguntan con los ojos y sonríen... Y bueno, también de esos animales que en la India están en tantos sitios: las Ratas.
En Jaipur fuimos al cine. Si puedo colgaré en Youtube la escenita. Al cine van todas las generaciones, en tres horas y media de anestesia cultural y locura culebronesca coinciden abuelillos, madres de familia, niños y niñas, adolescentes... y gente curiosa/despistada como mi prima y yo. En la entrada ya formamos un poco de lío, sobre todo porque me di cuenta de que nos estaban revendiendo entradas usadas, lo cual me daba mucha rabia. Sandra, más diplomática, consiguió que los de la puerta perdonaran mi chulería. Mientras, un hombre mayor con su hijo nos vendió unas muñecas típicas del Rajastán. Se las compramos sobre todo por pena. Decía no haber vendido nada en todo el día y que tenía que andar 6 kilómetros hasta llegar a su casa, y que necesitaba comprar algo de comer. A todas estas, los dos irlandeses a los cuales nos habíamos acoplado para ir juntos en el taxi flipaban de cómo regateábamos tres cosas a la vez: el taxi de vuelta, las muñecas y la entrada para el cine... claro que eso supuso que al final el señor de las muñecas me colara una un poco sucia. Se lo perdoné enseguida, pero así entendéis como son las cosas...
En Amber subimos en elefante, y en Jaipur visitamos el observatorio y el palacio del Maharaja que aplastaba a sus mujeres en la noche de bodas. El hombre - nos dijeron - pesaba más de 200 kilos y tuvo más de 200 mujeres... en fin. Y les parece una anécdota graciosilla. No tengo tiempo ni líneas suficientes para contaros cómo fue el guia, aunque si que visitamos a su familia y digamos que la mujer del brahmin no es precisamente una suma sacerdota: hacer chapatis y cuidar de l@s niñ@s.
Una cosa que nos sorprendió en Jaipur es que los vendedores son tan profesionales que hablan español PERFECTAMENTE. Utilizan los giros de cualquier vendedor, y antes de hablarte en español identifican no sólo el país de dónde procedes sino también la ciudad... Esto hay que escucharlo para creerlo. En Jaipur compré babuchas. En la tienda que aparece en la foto estuvimos un buen rato. Supuestamente nos hacían buen precio por ser First costumer, claro que luego de viajar por el Rajastán nos dimos cuenta de que el precio no estaba tan ajustado como nos juraban. Pero el destino me reservaba una lección mucho más agridulce en mi historial del regateo de babuchas... ¿cómo os sentiriais si un señor amable y ANCIANO que podría ser vuestro abuelo o bisabuelo os coloca unas babuchas y empieza a deciros que no ha vendido nada en todo el día...? En fin. Las compré sabiendo que no las necesitaba, no las quería, no eran tan cómodas y por supuesto, no eran baratas. Y después me dí cuenta de que directamente me habían timado, utilizando una vez más las estratagemas del chantaje emocional. No les culpo, simplemente cuento lo que yo viví. Se que tengo cara de buena persona y que soy carne de cañón para este tipo de tretas... para mi supuso simplemente un aprendizaje y unas cuantas rupias de más que hoy no cambiarían los ceros de mi cuenta bancaria...
El viaje hasta Pushkar desde la estación de tren de Ajmer la resumo en;
En Pushkar llegas y tod@s, turistas y locales, te advierten de no coger flores a nadie. Se trata de una ciudad sagrada para l@s hindúes, y muchos timadores se nutren de la ignorancia del/a turista para enchufarle unas flores y luego cobrarles MUCHO dinero por ellas. Yo no me pude resistir y quise hacer la ofrenda floral en el templo de Brahma, hasta ahi todo bien. Luego a la salida me engancharon diciéndome que el resto de las flores debían ser ofrecidas en el lago, y me daba mal rollo no hacerlo, menos mal que no llevaba el bolso encima (Sandra se había quedado guardando las cosas), así que me pilló un brahmín y en inglés empezó a preguntarme mi nombre, si tenía familia, herman@s... y luego tenía que repetir con el no se qué... bueno, la verdad es que en ese momento sabía que me estaban tomando un poco el pelo, yo debía haber parado la historieta pero no quería ser irrespetuosa... dilema.
Por la noche encontramos un restaurante bastante decente, cenamos comida italiana riquísima. El camarero, un solete.
La aventura que tuvimos para llegar a Jodhpur fue otra "indiada", había lluvias torrenciales asolando la zona, en el hotel habíamos contratado un coche para el día siguiente y nos dijeron que NO PROBLEM... Lo preguntamos la noche anterior, y esa mañana volvimos a insistir, lo habíamos visto en internet... "HOLA!". No problem. Pues nos subimos en el coche y a los diez minutos el chófer se pone a hablar por el móvil en hindi. El chófer no hablaba casi inglés... Nos decía /hacía señas de que había que volver a Pushkar... Que si queremos ir a Jodhpur hay que pagar más, porque van a hacer otro recorrido bla bla bla Ayayai. Nos pone con el señor del otro lado del teléfono... y luego llamamos al hotel. Y seguimos, porque por ahora no hay lluvia, no sabemos si por el recorrido o por el "otro"... Y queremos llegar a Jodhpur, llevamos una hora en el coche, nos quedan cuatro o cinco... Se para, Sandra no puede más, yo tampoco. Menos mal que Sandra tomó las riendas del asunto y se puso seria. Al final, no problem, nos llevaron a Jodhpur.
En Jodhpur tuvimos una serie de incidentes, y el peor es que Sandra se encontraba mal, hacía calor... Un chaval nos dirigió al restaurante de sus colegas, comimos, Sandra no estaba mejor. El chaval nos lleva a la tienda de su tía, una señora muy maja que cuida de Sandra, le da una infusión, a mi me hace un chai y me enseña a hacerlo... Un solete de mujer, que claro, luego le compramos un montón de especias... Esa tarde teníamos pensado salir para Jaisalmer... Sandra no estaba mejor, hacía mucho calor y Jodhpur es una ciudad sucia...Fuimos a la piscina de un super hotel. Ibamos con lo puesto, nuestras mochilas estaban en la estación de tren. Nos bañamos en la piscina, y bueno, después de esperar a ver si Sandra se ponía mejor, decidimos quedarnos en el hotel para que se recuperara. La verdad es que yo estaba un poco asustada, vino el médico, lo llamó la chica que nos atendía en la habitación. Sandra se puso bien. Menos mal. Nos vino genial quedarnos en el hotel, a mi me hacía falta. Hay mucha diferencia. Es la otra India, reconozco que es algo difícil, de repente, saber que puedes disfrutar de ese lujo mientras al otro lado está la gente viviendo como las ratas.
Jodhpur es la ciudad azul, tiene un palacio, donde coronaban a los Maharajas impresionante. En la misma línea lujo vs ratas. En el palacio había un brahmín que leía las manos. Sandra y yo somos demasiado noveleras como para no hacerlo. Lo que nos dijo es algo complicado de transcribir aqui... je je je. También visitamos una ciudad impresionante, de cuyo nombre no puedo acordarme. Al bajar del autobús, el acoso al turista es tal que LITERALMENTE me puse a correr esquivando vendedores que ME PERSEGUIAN CORRIENDO y hablando español. Me ponía en su lugar, y trataba de ser respetuosa y educada. Siempre pensando, si yo estuviera en su situación haría lo mismo y quien sabe que más... en un momento determinado les pedí por favor que me dejaran tranquila, que no podía más. Que se pusieran en mi lugar. Lo entendieron.
Y de Jodhpur, tren a Jaisalmer. En la estación, otra visión tremenda. Un hombre mayor, anciano, con su mujer. Tenía el torso al aire y se veía su estómago abierto, con algo muy extraño dentro... no se si era de su propio cuerpo o algo incrustado. Era imposible no mirar, y también imposible de ver... Y nosotras con nuestro desayuno de cinco estrellas, zumo de papaya, croissants, madalenas para llevar. Y bueno, en el tren... bichos varios...
En Jaisalmer es donde empieza el desierto, hacía mucho calor: Sandra vuelve a tener la genial idea de pillar hotel con piscina. Y bueno, se suceden otra serie de líos "a la india" que vendrían a resumirse en : ricki que nos deja lejos de donde íbamos y pretende que cuele, y al día siguiente se lo digo porque volvemos a coincidir con él y pretende volver a hacerlo; en el hotel no se puede pagar con tarjeta porque no funciona el cacharrito en cuestión y no parece que les suponga mayor problema no arreglarlo en tres días ni mover un dedo por solucionar el tema...
Buscamos comida buena bonita y barata, la encontramos y conocemos en la terraza del restaurante a Oscar, un chico canario (Little Tibet, no confundir con Free Tibet), y luego otro día nos ponemos a hablar con dos catalanes muy majetes que habían estado en Goa (Little Italy, en este restaurante repetimos, estaba muy rico todo). Nos recomiendan irnos de excursión al desierto, a pesar del calor. Que una noche está bien.Y por fin, excursión y noche en el desierto, a cargo de tatatachán Mr. Desert. Si, una amiga super viajera ya nos lo había recomendado. Un hombre muy majo, con ciertos rasgos familiares, y que había ganado el concurso de Mr. Desert en sus tiempos mozos. Su atractivo tenía.
Viaje en Jeep, y luego en camello. Mucho mucho mucho calor, y de repente la soledad, la libertad, el silencio, el refugio... escuchar solo los pasos y los chasquidos del niño/adolescente que dirige el camello... la naturaleza, simplemente, que dure mucho, mucho por favor.
Hablamos con una chica mejicana, Isabel, está estudiando en la India, una persona muy interesante. Por la noche, la plenitud de las estrellas. Cenamos comida de brahmín. Arroz, verduras, todo al vapor. Riquísimo, cocinado por la señora madre del brahmín, Mr. Desert. Los platos se lavan con arena. Veo al encargado de la excursión (segundo de a bordo de Mr. Desert), envolviendo cosas y poniéndoselas bajo la cabeza..., le pregunto... dice que es porque luego vienen perros salvajes y se quieren llevar la comida.
Estamos preparándonos para dormir, hablando, que si me lavo los dientes, que si enciende la linterna... ayayai, "me he quemado" dice Sandra... y resulta que un alacrán sale de su bolso, ha decidido picar a mi prima en el dedo. Le duele mucho, y no sabemos que hacer. El amable señor encargado de la excursión envuelve el dedo de Sandra en azúcar, después de hablar con Manoj por el móvil y acordar que la picadura no es de escorpión sino de "bitu", es decir, alacrán. La civilización está a más de dos horas y media en coche. Sandra con razón se preocupa. Yo le digo que volvamos. El señor dice NO PROBLEM. Al día siguiente el dedo de Sandra estaba mejor, no le dolía tanto, y bueno, parece que el método funcionó. En Jaisalmer hacemos unas últimas compras, y mucho regateo, prometimos volver a muchas de las tiendas...
En la estación de tren de Jaisalmer empezó a llover un montón. Compartíamos vagón con una chica inglesa y su familia. Majetes.
Y en Delhi, tuve mi momento de desesperación con el único ricki de toda la ciudad que no sabe donde está GREEN PARK... ahhhh no podía creérmelo. Nos subimos, empieza a hablarnos en hindi. Se para a los cien metros. Green Park? yes, Green Park! Se pone en marcha mientras habla en hindi claro, y a los cien metros vuelve a pararse. Y en este punto yo empiezo a hablarle en español, llévanos a Green Park y déjate de rollos! y SOCORRO!!! entonces aparecen un montón de indios de nosedonde y se lía. Llamo a Luis por teléfono, que en hindi le explica donde está Green Park. Pobre conductor de ricki, creo que es el único que había puesto el taxímetro sin pedírselo y que de verdad no tenía intención de timarnos...
Y poco más, ese fue nuestro penúltimo día en Delhi. Luego, hacer la maleta, estar con Luis... Buff, cuando nos íbamos en el taxi, alejándonos, me di cuenta de LO LEJOS QUE ESTÁ y se me rompía un poquito el corazón de pensar en lo difícil que sería volvernos a ver... en que se le echa de menos, y que él tiene también que echarnos mucho de menos.
En el aeropuerto, más aventurillas, les hacía ilusión que fuéramos vestidas a lo indio. Me abren la maleta, me preguntan que llevo... el libro de Nehru... y más cosas... intentan ligotear con Sandra y conmigo... liarnos... hasta el último momento! :-)
Hasta otra, país increíble. Muchas gracias India.
(por cierto, esta Semana Santa-09 se me cayó la pulsera de la pooja que hicimos en Old Delhi)